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El retablo del altar mayor de la Iglesia Parroquial de Santo Domingo de Guzmán de Terrinches preside ya el templo del que salió para ser rehabilitado
 Se ha llevado a cabo una importante restauración, actuación que ha sido destacada por la diputada provincial y responsable del Servicio de Conservación de Patrimonio, Jacinta Monroy, por el delegado provincial de Cultura, Ángel López, y por el alcalde de la localidad, Nicasio Peláez, quienes han tenido la oportunidad de comprobar recientemente la calidad del trabajo realizado. El retrablo es uno de los principales exponentes del característico y rico barroco clasicista de la zona. Su arquitectura o estructura de madera dorada y policromada es poligonal, adaptándose a la cabecera de la Iglesia y está compuesta de tres cuerpos, tres calles, dos entrecalles y banco, utilizándose el orden dórico en el primero y el compuesto en los restantes.
De autor anónimo, refleja la influencia de Francisco Cano, quien hizo el retablo de La Torre de Juan Abad. Completó su ejecución el pintor y escultor de la vecina Almedina Miguel Bajo, quien firmó y fechó su trabajo en una moldura del primer cuerpo del retablo “ Michael Baxus facievat anno 1643”.
En las tablas policromadas y esculturas del retablo que se conservan se han representado escenas de la vida de Cristo y de la Virgen. Las pinturas en tabla representan, en el tercer cuerpo, las escenas de la Flagelación y Jesús en el Pretorio, y en el segundo se representa Pentecostés y la Ascensión. No se conservan las pinturas en tabla del primer cuerpo que, presumiblemente, representarían El Nacimiento de Jesús y la Adoración de los Reyes.
El retablo está rematado con un Calvario compuesto por las esculturas policromadas de Cristo Crucificado y, a ambos lados, la Virgen y San Juan. En el centro del retablo está el bello relieve escultórico que representa la Coronación de la Virgen. No se conservan tampoco la escultura central del primer cuerpo de Santo Domingo de Guzmán (advocación de la Iglesia), y posiblemente las de Santo Tomás y San Gregorio, también en el primer cuerpo, y habituales representaciones escultóricas de San Pedro y San Pablo en las entrecalles del segundo cuerpo.
Las pequeñas tablas policromadas del banco así como las pinturas en tabla que representan las escenas de Pentecostés y la Ascensión corresponden a Miguel Bajo y presentan una calidad menor que las de la Flagelación y Jesús en el Pretorio, atribuidas por Enrique Herrera al pintor manierista Gaspar Vistal.
Completan el programa iconográfico de este magnífico retablo las pequeñas tablas policromadas del banco que intercalan inscripciones y leyendas entre las representaciones de los cuatro evangelistas -la de San Mateo no se conserva- y varias escenas de la Pasión de Cristo: prendimiento, lavatorio, última cena y oración en el huerto.
La recuperación de esta magnífica pieza patrimonial, de la que los vecinos y vecinas de Terrinches pueden sentirse especialmente orgullosos, ha sido de gran envergadura, debido a la naturaleza compleja y las grandes dimensiones del retablo, que estaba muy deteriorado y debilitado estructuralmente con peligro, incluso, de desplome, lo que hizo necesario para poder acometer su restauración la concurrencia de tres administraciones, el Ayuntamiento de Terrinches, la Diputación de Ciudad Real y la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha, aunque se ha realizado con la autorización del Obispado de Ciudad Real y gracias a la buena disposición de la propia parroquia, cuyo párroco ha facilitado a los profesionales el desarrollo de sus trabajos en todo momento.
El coste de la intervención técnica ha supuesto una inversión que asciende a 85.000 euros, un montante que ha corrido a cargo del Ayuntamiento de Terrinches, la Consejería de Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y la Diputación de Ciudad Real, ésta última en el marco del convenio de colaboración para restauración de bienes artísticos de la provincia suscrito entre la institución provincial y el Obispado de Ciudad Real.
La compleja, respetuosa y magnífica restauración ha sido realizada según el proyecto de actuación de la acreditada empresa especializada Cambium. S.L., con la supervisión del personal técnico del Departamento de Conservación de Bienes Culturales de la Diputación de Ciudad Real, asistencia técnica contemplada dentro del acuerdo al que se ha hecho referencia con anterioridad.
La desinsectación por el método de choque térmico de todas y cada una de las piezas que componen el retablo –uno de los trabajos fundamentales de esta restauración- fue encargado por la empresa a Artemisa y los análisis químicos previos a la restauración los realizó el Laboratorio Larco, Química y Arte.
En noviembre de 2004 se desmontó ordenadamente el retablo y en julio de 2005 se trasladó y montó nuevamente en la Iglesia tras su restauración. En los últimos meses de 2005 los restauradores completaron los últimos retoques y ajustes “in situ” desde el andamio con el retablo ya instalado en la iglesia.
El generalizado ataque de xilófagos (termitas y carcoma) que presentaba la arquitectura del retablo, así como el deficiente anclaje de la misma al muro, habían debilitado la estructura con peligro incluso de su desplome. Este hecho hizo necesario desmontar ordenadamente, pieza por pieza, el retablo y trasladarlo al taller de restauración de la empresa para su desinsectación y restauración.
Es interesante resaltar que en la operación de desmontaje quedó al descubierto el ábside y ello permitió ver el arranque de las nervaduras que sujetaban la antigua bóveda con que se cubría la Iglesia y su remate en dos ménsulas con decoración heráldica alusiva a la Orden de Santiago, elementos que se han conservado cuando se ha vuelto a montar el retablo tras su restauración quedando naturalmente ocultos de nuevo tras el retablo.
Estos elementos arquitectónicos están documentados fotográficamente, así como en los paneles informativos instalados en la iglesia, ambos elaborados por el Servicio de Conservación de Bienes Culturales de la Diputación.
Antes de la restauración se examinó el retablo mediante reflectografía que muestra el dibujo subyacente y proporciona una más amplia y nítida lectura de las escenas, lo que permite analizar la técnica de ejecución. Así, personajes y elementos compositivos que no se aprecian a simple vista debido a la degradación y el envejecimiento de los materiales, se muestran a los ojos del restaurador facilitándole el planteamiento correcto de las diversas fases de la intervención.
También se realizaron estratigrafías. Es decir, análisis al microscopio de las distintas capas y materiales utilizados en las policromías que permiten identificar los repintes añadidos a lo largo del tiempo y su naturaleza. La realización de este tipo de pruebas es imprescindible para abordar el proceso de limpieza con garantías de respeto al original. Sin duda, la operación central que ha revestido mayor complejidad en esta intervención restauradora ha consistido en el exhaustivo tratamiento aplicado a los soportes de la arquitectura del retablo, al objeto de reforzar y estabilizar la debilitada estructura de madera. Igualmente, se han reforzado los soportes de las esculturas y pinturas y también los sus anclajes a la arquitectura del retablo. Y el conjunto volvió a montarse anclándolo, cuerpo por cuerpo, para distribuir su peso total de forma más equilibrada.
Por último, es interesante resaltar el criterio de respeto al original seguido en cuanto a la reconstrucción de piezas arquitectónicas con partes perdidas. Ha consistido en realizar la reintegración volumétrica de estas faltas cuando la pieza en cuestión tenía una función sustentante o constructiva.
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