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Por Maria Magdalena Cortés Ribot, Licenciada en Farmacia por la Universidad de Barcelona
Los alimentos transgénicos
generalmente se consideran seguros, aunque hoy en día aún no hay pruebas
adecuadas para asegurarlo del todo. No existen informes de enfermedades o
lesiones debidas a estos alimentos, aunque eso no exime de que cada alimento
transgénico nuevo tenga que evaluarse de manera individual.
La ingeniería genética es posible
realizarla con plantas, animales o microorganismos. A través de la
biotecnología, se han alterado genéticamente los tomates, las patatas, la
calabaza, el maíz y la soya (soja). Muchos más alimentos tienen ingredientes
que han sido procesados genéticamente y se están desarrollando otros más. En la
Unión Europea se exige esta distinción de etiquetado, sin embargo, en Estados
Unidos, el principal productor y consumidor de transgénicos, no se contempla.
Las autoridades sanitarias estadounidenses argumentan que esta identificación
es costosa, complicada especialmente si los ingredientes se han tomado de
diversas fuentes, y sobre todo, innecesarios, porque daría a entender que los
Organismos modificados Genéticamente (OMGs) son inseguros, cuando han pasado
los controles que en este país se consideran suficientes.
Este planteamiento se rebate desde Europa con el derecho del consumidor a saber
en todo momento qué está comiendo. De hecho, todas las asociaciones de
consumidores coinciden en la necesidad del etiquetado, ya que de no señalarse
se estaría quebrantando el derecho a elegir del consumidor.
Sin
embargo, todos estos exhaustivos trabajos no concluyen que los transgénicos son
totalmente inocuos para la salud. Como tampoco pueden concluir que los
alimentos convencionales lo sean. El riesgo de desarrollar alergias está ahí,
incluso para los defensores de la biotecnología.
La repercusión sobre el medio ambiente es una de las preocupaciones más
extendidas en relación con los OMGs. Los estudios realizados hasta el momento
no han sido concluyentes. No se ha podido demostrar ningún efecto nocivo de los
cultivos de transgénicos sobre el medio ambiente, pero tampoco se puede
asegurar que la liberación de estas plantas en el ecosistema sea totalmente
inocua. Los científicos más escépticos alegan que hasta que no pase cierto
tiempo, no se podrá determinar el verdadero alcance de los transgénicos con el
entorno y entonces, quizá sea demasiado tarde.
Algunos de los riesgos potenciales de los transgénicos son:
- Plantas
y animales modificados que pueden tener cambios genéticos inesperados y
dañinos sobre el ecosistema
- Organismos
modificados que se pueden cruzar con organismos naturales y los pueden
superar, llevando a la extinción del organismo original u otros efectos
ambientales impredecibles.
- Una
planta menos resistente a algunas plagas puede ser más susceptible a otras
dado que los agentes patógenos tienen una capacidad de adaptación
increíble, como ha pasado con los antibióticos y las bacterias.
Además
de estas consecuencias comentamos ya los indudables beneficios que puede
reportar el desarrollo y la producción de semillas más rentables; las empresas
explican que el impacto de la
biotecnología puede extenderse a las áreas más desfavorecidas del mundo, donde
se necesita. Un ejemplo de estos
potenciales beneficios es el del arroz dorado “golden rice”, que al estar enriquecido con vitamina A supondría una
importante fuente nutritiva, fácil de cultivar, en países donde gran parte de
la población pasa hambre. Por supuesto no podemos decir que la biotecnología es
la solución al problema del hambre, pero sí que puede constituir una buena
herramienta para paliar una situación deficitaria que atraviesa la agricultura.
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