Por Maria Magdalena Cortés Ribot, Licenciada en Farmacia por la Universidad de Barcelona
Durante el periodo de la
gestación, en la piel de la mujer, se dan algunos cambios que debemos tener en
cuenta. Las estrías son producidas
por una distensión importante de la piel en zonas como los senos, el vientre
(alrededor del ombligo) o las caderas. Además de la influencia hormonal que
altera el funcionamiento de la piel favoreciendo la aparición de las estrías
existe también una predisposición familiar.
Diferentes estudios demuestran que ya entre el 50-70% de las mujeres en
su primer embarazo, a partir del sexto mes desarrollan estrías; al principio
son lesiones ligeramente hundidas, lineales y onduladas, de color
rojo-violáceo, que con el tiempo se aclaran y van quedando blanquecinas. La
mejor solución a este problema es la prevención.
Desde los primeros meses de la
gestación ya es muy importante la aplicación de una crema antiestrías, dos
veces al día (mañana y noche), realizando un pequeño masaje. Estos productos
aportan elasticidad a la piel y aumentan su capacidad de distensión. Además de
sustancias hidratantes (ácido láctico, urea) y emolientes (glicerina, lanolina,
aceite de rosa mosqueta o de germen de trigo, manteca de karité, vitamina F),
contienen principios que ayudan a regenerar las fibras de colágeno y elastina y
toda la sustancia fundamental de la dermis (silicio, hidrolizados de elastina y
colágeno, equinacea, vitamina A, vitamina E y extracto de centella asiática).
Una vez que las estrías han aparecido y después de finalizar el embarazo, es
posible realizar tratamiento médico para mejorarlas o también tratarlas con
láser. Actualmente su eliminación completa es complicada.
También es importante seguir una
serie de consejos en cuanto al cuidado del pezón en aquellas mujeres que vayan
a hacer una lactancia materna. Hacia el sexto mes de embarazo se aconseja
comenzar a fortalecer el pezón y la areola aplicando una vez al día una pequeña
cantidad de alcohol de tanino. En el caso de tener una piel sensible se
alternará su aplicación con una crema protectora del área del pañal, por
ejemplo.
Durante la lactancia es necesario
lavarse y secarse bien la areola y el pezón antes y después de la toma para
evitar la aparición de las grietas dolorosas. Los discos absorbentes que se
colocan debajo del sujetador ayudan a mantener la zona seca siempre que se
cambien con la frecuencia necesaria. En el caso de que aparezcan se aplicarán
cremas cicatrizantes con extracto de centella asiática o alantoína, que
contengan algún principio anestésico como la benzocaína, antiinflamatorio como
los corticoides, antiséptico como las sales de clorhexidina. Y, por supuesto,
siempre se realizará una correcta higiene antes y después de cada toma.
También se darán cambios en la
pigmentación de la piel durante el embarazo. Las areolas y los pezones se
oscurecen hacia el final del primer trimestre. Más adelante aparece la “línea negra”, que es una línea oscura
que va desde el vello púbico hasta el ombligo. También se oscurece la región
genital y las axilas, pero quizás lo que más preocupa es la aparición del
cloasma. El cloasma es la
pigmentación que aparece en la región facial, principalmente en mejillas y
frente, respetando la región periocular. Para evitar su aparición se recomienda
utilizar de forma diaria un protector solar con un índice alto frente las radiaciones UVA y UVB. Generalmente, al
año del parto desaparecen, pero si persiste o se quiere eliminar, se deberá
utilizar en primer lugar agentes despigmentantes. También es verdad que durante
el embarazo aparecen nuevos lunares.
Se ha descrito que hasta un 13% de las embarazadas refieren aparición de nuevos
lunares. Además, un 15% de las embarazadas tienen cambios en el tamaño y color
de sus lunares.
El aumento de vello facial y
corporal (hirsutismo) puede
presentarse en el embarazo, generalmente a partir de la semana veinte. Suele
ser más intenso en cara, piernas, línea alba y espalda y en personas de tez
oscura. A veces se asocia con la aparición de acné. Está causado por el aumento
de la producción de hormonas que acompaña al embarazo, ocasionando una
prolongación de la fase anagen de vello. Generalmente, el vello fino cae seis
meses después del parto y el grueso suele persistir. En embarazos siguientes,
casi con toda seguridad se repetirá este mismo proceso.
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