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Por Maria Magdalena Cortés Ribot, Licenciada en Farmacia por la Universidad de Barcelona
Siguiendo la
tendencia de las últimas décadas, el aumento en la esperanza de vida de la
población, junto con el descenso en la natalidad, hace prever que en el año
2050 en nuestro país alrededor del 40% de la población serán personas mayores
de 65 años. Este gran aumento de la población de edad avanzada representa un
reto para la profesión sanitaria, que debe preocuparse cada vez más por la
salud de este colectivo, así como ofrecerle una mejor atención y soluciones a
sus problemas específicos
Entre los factores
que pueden influir en el proceso de envejecimiento y en la aparición de
diversas enfermedades, uno de los más importantes es la dieta. Numerosos
estudios han demostrado el efecto beneficioso de la ingesta de determinados
nutrientes como los ácidos grasos poliinsaturados, fibra, vitaminas
antioxidantes, probióticos, prebióticos, ácido fólico y calcio sobre la salud y
la prevención de enfermedades. Esta relación es mucho más evidente en el caso
de las personas mayores, en las que se ha demostrado la importancia de una
alimentación suficiente y rica en verduras, fruta, hidratos de carbono, fibra y
vitaminas y minerales para el mantenimiento de la función inmune, las
capacidades físicas y la función cognitiva.
La calidad de la
dieta de las personas mayores depende en gran parte de su situación social, es
decir, de si viven solas, con la familia o en un centro geriátrico. Pero
independientemente de ello existen unas características comunes muy
particulares de este grupo de población que se presentan con relativa
frecuencia y que pueden comprometer su estado nutritivo y su salud. Una de las
más importantes es la falta de apetito y la consiguiente disminución en la
ingesta de alimentos, lo que comporta no sólo un menor aporte calórico y
proteico, sino también de micronutrientes esenciales, dificultando que se
cubran los requerimientos mínimos. De
hecho, diversos estudios realizados en nuestro país revelan una elevada
prevalencia de deficiencias subclínicas en algunos nutrientes esenciales como
las vitaminas (principalmente las vitaminas D, E y A) y los minerales.
Existen diversos
factores que pueden producir la falta de apetito en la persona mayor y que
condicionan la alimentación de estas personas:
Ø
Factores
fisiológicos (alteraciones en la dentición, pérdida de funcionalidad del tracto
digestivo, disminución en la absorción de nutrientes, alteraciones del aparato
locomotor).
Ø
Factores
psicológicos (depresión).
Ø
Factores
socioeconómicos (soledad, aislamiento, disminución del poder adquisitivo).
Ø
Factores
iatrogénicos (polimedicación).
Así como también la
presencia de enfermedades crónicas tales como la enfermedad cardiovascular,
cáncer, diabetes, enfermedades inflamatorias y autoinmunes. Una dieta adecuada
puede contribuir a disminuir la morbilidad y mejorar la calidad de vida de las
personas mayores, así como favorecer una rápida recuperación en caso de
enfermedad.
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