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Desde CCOO, por respecto a la independencia y soberanía de los Órganos Rectores, nunca hemos sido partidarios de alentar fusiones o cualquier otra fórmula de integración en el sector financiero. Pero la coyuntura nos obliga a adoptar una posición más activa, a posicionarnos y a valorar las decisiones de quienes están legitimados para decidir
Más allá de la posición o valoración que cada una de las personas que trabajamos en Caja Rural de Albacete o Caja Rural de Toledo podamos hacer de la ruptura del proceso de fusión que ambas cajas habían iniciado, a juicio de CCOO la no culminación del mismo supone un estrepitoso fracaso para sus impulsores, una decepción para una gran parte de sus plantillas y, sobre todo, supone sustituir expectativas por incertidumbres.
Si analizamos cómo afecta la decisión sobre cuatro conceptos básicos para ambas entidades, fortaleza, servicio, empleo y futuro; ninguno de ellos mejora, todos salen malparados:
La crisis que atraviesa el sector financiero requiere alianzas, integraciones y proyectos que den fortaleza y refuercen la solvencia y capacidad de las entidades. Lo decidido va en dirección opuesta.
La debilidad que implica el recorrido en solitario hará más difícil afrontar las consecuencias del aumento de la morosidad y por tanto la capacidad de servicio se verá seriamente limitada. Nuestros clientes y cooperativistas serán los más perjudicados. Se truncan las posibilidades de creación de empleo derivadas de la expansión tras la fusión. Por el contrario, se abren paso incertidumbres que, además, en nada favorecerán el clima laboral y agrandarán la brecha que separa a las plantillas de sus directivos. Todo lo anterior incide de forma directa y muy negativa en el futuro de las dos entidades.
Desde el respecto a la legitimidad de los Consejos Rectores para adoptar sin condicionamientos ni restricciones las decisiones que les competen, tenemos motivos para pensar que en este caso esa libertad y esa ausencia de condicionamientos han faltado.
El protagonismo de las direcciones generales, directamente proporcional a sus respectivas ambiciones personales -también legítimas, por otra parte- debiera haber sido matizado, e incluso neutralizado si ello hubiera sido necesario, para facilitar el entendimiento y el sentido común.
Esperamos que ninguna de las dos plantillas tenga motivos, en el futuro próximo, para exigir responsabilidades a los Consejos Rectores y, sobre todo, a los ejecutivos que no fueron capaces de conciliar sus ambiciones con las necesidades de las entidades que gestionan.
En CCOO estaremos muy atentos y, como siempre, comprometidos con todos vosotros y vosotras.
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